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Sistemas de asilo en crisis: ¿por qué y qué hacer?

Por qué algunos sistemas de asilo colapsan y qué alternativas existen

Un sistema de asilo entra en colapso cuando deja de gestionar de manera ordenada, ágil y respetuosa las solicitudes de protección internacional, provocando una acumulación extensa de expedientes, un deterioro de las condiciones humanitarias, decisiones injustas o arbitrarias y un aumento de tensiones sociales y políticas. Este colapso puede manifestarse de forma temporal —por llegadas numerosas en poco tiempo— o convertirse en un problema estructural debido a recursos insuficientes, un marco legal inadecuado o una crisis de gobernanza.

Causas principales del colapso

Oleadas súbitas de llegadas: conflictos armados, catástrofes naturales o tensiones económicas pueden desencadenar movimientos poblacionales de gran escala. Un ejemplo es la crisis de siria, cuyos efectos desde 2011 llevaron a que los países vecinos y Europa afrontaran presiones excepcionales; en 2015, Europa contabilizó más de un millón de solicitudes de protección internacional, con consecuencias notorias en Grecia, Italia y Alemania.

Infraestructura y financiación insuficientes: en numerosos estados se carece de centros de acogida, de equipos especializados y de sistemas informáticos apropiados. La ausencia de recursos estables conduce a medidas de emergencia, como campamentos, alojamientos provisionales y servicios esenciales con grandes carencias.

Marco legal rígido o fragmentado: procesos prolongados, escasos recursos para la asistencia jurídica y regulaciones que entorpecen el acceso a mecanismos legales provocan acumulación de casos y resoluciones demoradas.

Politización y retórica pública: la presión política para demostrar control migratorio puede derivar en cierres de fronteras, externalización de responsabilidades o en medidas que priorizan disuasión sobre protección, debilitando así el sistema.

Falta de cooperación internacional y reparto desigual de responsabilidades: cuando pocos países concentran la acogida —Turquía, Líbano, Pakistán, por ejemplo— el sistema regional se tensiona. La insuficiente reubicación o reasentamiento agrava el problema.

Capacidad administrativa limitada y corrupción: procesos burocráticos lentos, prácticas corruptas o falta de transparencia aumentan el tiempo de respuesta y socavan la confianza en el sistema.

Crisis de seguridad pública o inseguridad en centros de acogida: la violencia interna, explotación y condiciones inadecuadas transforman los centros de recepción en focos de crisis humanitaria.

Consecuencias del colapso

Aumento del sufrimiento humano: alojamiento inadecuado, problemas de salud física y mental, separación familiar y riesgo de explotación.

Incremento de irregularidad: personas desesperadas terminan optando por trayectos arriesgados o cayendo en redes de tráfico, lo que eleva el número de muertes y abusos; el Mediterráneo se ha convertido en el escenario de miles de fallecimientos durante la última década.

Mayor presión sobre servicios locales: sanidad, educación y empleo en comunidades receptoras se tensionan, generando rechazo social y xenofobia.

Acumulación de expedientes: centenares de miles de solicitudes pendientes en varios países, con procesos que pueden durar años.

Riesgo político y jurídico: decisiones rápidas o arbitrarias pueden vulnerar el principio de no devolución y otros derechos fundamentales, abriendo litigios y condenas internacionales.

Ejemplos y casos relevantes

Europa, 2015-2016: la llegada masiva por el Mediterráneo y los Balcanes desbordó a Grecia e Italia como puntos de llegada. Países de tránsito y destino tuvieron dificultades para coordinar reubicaciones, y algunos Estados reforzaron controles fronterizos.

Alemania en 2015: tras recibir entre cientos de miles a casi un millón de solicitantes en ese año, experimentó tensiones administrativas y políticas que derivaron en reformas del procedimiento de asilo y medidas de integración y retorno.

Turquía y Siria: Turquía alberga a más de tres millones de personas desplazadas sirias bajo protección temporal, lo que ha requerido fondos y programas multilaterales para atender educación, sanidad y empleo.

Colombia y población venezolana: ante un desplazamiento masivo desde Venezuela, Colombia implementó el Estatuto Temporal de Protección (2021) para regularizar a millones y facilitar acceso a servicios y trabajo formal, reduciendo presión informal sobre servicios.

Canadá y patrocinio privado: el programa de patrocinio comunitario ha demostrado que la colaboración entre autoridades y comunidades puede ampliar vías seguras de acogida y favorecer la integración.

Alternativas y reformas estructurales

Vías legales y seguras de ingreso: visados humanitarios, corredores humanitarios gestionados por estado y sociedad civil, reagrupación familiar y programas laborales temporales. Estas rutas reducen la demanda de rutas peligrosas y permiten una planificación ordenada.

Reasentamiento y reparto solidario: cuotas solidarias multilaterales y mecanismos regionales que distribuyan responsabilidad entre varios países, combinando reasentamiento, reubicación y apoyo financiero a países de acogida.

Protección temporal y soluciones flexibles: estatus temporales con derechos laborales y acceso a servicios para casos que no encajen inmediatamente en el estatuto de refugiado, facilitando integración y reduciendo cargas administrativas.

Fortalecimiento institucional y digitalización: inversión en el refuerzo de la gestión administrativa, capacitación de instancias judiciales y de su personal, además de plataformas digitales integradas que agilicen los procesos y optimicen el seguimiento de los expedientes.

Fondo de respuesta rápida y reservas operativas: mecanismos financieros y equipos expertos de despliegue para picos de llegada, financiados por cooperación internacional, bancos de emergencia y acuerdos regionales.

Descentralización y alianzas locales: apoyar a gobiernos locales, ONG y sociedad civil para ofrecer alojamiento alternativo, patrocinio comunitario y programas de integración laboral; el efectivo directo a personas ha demostrado mayor eficiencia que la asistencia en especie en muchos contextos.

Procesos ágiles y triage jurídico: identificar con prontitud los casos claramente fundados que precisan protección inmediata, diferenciándolos de aquellos que pueden gestionarse mediante procedimientos expeditos o que requieren pasos para un retorno organizado; asegurar en todo momento el acceso a asesoría legal y a recursos de apelación eficaces.

Prevención y política exterior coherente: abordar causas profundas de desplazamiento mediante diplomacia, ayuda al desarrollo y mitigación de conflictos y clima, reduciendo la presión sobre los sistemas de asilo.

Transparencia y controles anticorrupción: evaluaciones externas, información pública accesible y mayor intervención de la ciudadanía para impedir que los fondos orientados a la protección se malgasten o se utilicen de forma inadecuada.

Soluciones ingeniosas con resultados plenamente demostrados

Patrocinio comunitario: iniciativas en las que familias y entidades locales respaldan la acogida, disminuyen los gastos públicos y favorecen una integración más rápida, con casos destacados en Canadá y en diversos proyectos piloto europeos.

Corredores humanitarios y visados humanitarios: diversos pactos entre estados y ONG han hecho posible el traslado seguro de miles de personas desde zonas peligrosas, evitando así que tengan que utilizar rutas irregulares.

Asistencia en efectivo: transferencias monetarias directas a personas desplazadas mejoran dignidad, eficiencia y estimulan economías locales en lugar de grandes campamentos.

Programas de empleo vinculados a protección: facilitar una incorporación ágil al mercado laboral disminuye la dependencia de ayudas, favorece una integración más veloz y contribuye con aportes fiscales y de seguridad social.

Aspectos éticos y legales que deben preservarse

Principio de no devolución: cualquier reforma debe respetar la prohibición de expulsar a personas hacia situaciones de persecución o riesgo grave.

Derecho a un procedimiento justo: acceso a representación legal, información en idioma comprensible y recursos efectivos ante errores o arbitrariedades.

Dignidad y no discriminación: procurar que no se generen situaciones que marginen o diferencien a quienes presentan la solicitud por su nacionalidad, creencias u cualquier otra condición.

Los colapsos de los sistemas de asilo son el síntoma de decisiones pasadas: insuficiente previsión, marcos jurídicos desalineados con la realidad y ausencia de solidaridad efectiva. Las soluciones requieren combinar vías seguras, responsabilidad compartida, fortalecimiento institucional y participación de comunidades locales. La sostenibilidad de cualquier política se mide no solo por su capacidad para reducir flujos, sino por su habilidad para proteger derechos, ofrecer alternativas dignas y transformar la llegada en oportunidades de integración tanto para las personas desplazadas como para las sociedades receptoras.

Por Alfonso David Berrueta

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